
Desde el primer Resident Evil no había habido otro título que me hiciera brincar de la silla… Dead Space logró eso y mucho más… aumentar mi nerviosismo y estresarme a tal grado que realmente me costaba trabajo dormir por la cantidad de sustos que me hacía pasar el juego, aunado a toda la actividad cerebral que tenía por consecuencia al intentar salir vivo de las misiones.